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El desprecio

imagesLa reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP en febrero de 2012 es un fracaso. Sin paliativos. Lo es desde el punto de vista de los que la padecen, los empleados que ven rebajados sus derechos, sus salarios y la posibilidad de recurrir a la ley para reclamar frente a una patronal que actúa sin complejos. Y es un fracaso también desde el punto de vista de  los resultados.

Ni siquiera el actual ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos,  curtido en años de banca y empresa, puede disimular la vergüenza que suponen 5.040.222 personas registradas en el Servicio Público de Empleo Estatal, seis millones en la Encuesta de Población Activa (EPA).

images (1)Es cierto que hay otros puntos de vista. Y es cierto de que desde esos puntos de vista, la reforma laboral, compresora de costes laborales, puede ser considerada un éxito. Deprime salarios, pero permite a las empresas competir a la china para vender más y más barato al exterior.

Para la mayoría de la población, asalariados, parados,autónomos al borde del ataque de nervios y emprendedores a la fuerza, la reforma laboral es una chapuza.  Una carga que empuja al conjunto de la sociedad hacia sus límites. En los cinco años de crisis, subrayan economistas críticos, la Seguridad Social ha perdido ya más de 3.100.000 afiliados mientras aumenta la proporción de desempleados que agotan sus prestaciones. Una bomba de tiempo.

Pero aunque se multiplican las advertencias, la elite económica y empresarial prefiere ignorar las señales. Cada cual, sostienen sus portavoces, tiene que ocuparse de sí mismo; sin escudarse en derechos adquiridos que ya no existen, en organizaciones propias de otro siglo  o en blandas teorías de lo social que animan a la molicie. Desprecian lo que les salva: un comportamiento maduro y sereno de la mayoría solidaria, familiar y vecinal, que evita el estallido y les permite vocear en triunfo por las esquinas.

Vivir en el sótano

Nos piden sacrificios. Nos dicen que son necesarios para el bien común y el interés general. Y que son inevitables porque los números, los grandes, esos que dan forma a la macroeconomía, no cuadran. Están desajustados por nuestra culpa. Lucen tan mal que asustan a los prestamistas, que exigen intereses desorbitados por sus apuestas. Sí, apuestas.descarga

Para evitar el desastre, explican, hay que hacer ajustes. Básicamente, consisten en que quienes trabajan lo hagan más tiempo por menos dinero y en que las empresas lustren sus balances reduciendo sus costes de personal y vendiendo activos para reducir su endeudamiento. Así se explica que el peso de los salarios respecto al producto interior bruto (PIB) haya caído 3,1 puntos en dos años (datos del servicio de estudios del BBVA).

Para ajustar los grandes números se reducen los costes laborales. ¿Cómo? Mediante la destrucción de empleo. El resultado: una vergonzosa tasa de paro del 26,02% y seis millones de desempleados. España aporta la mitad de los parados de Europa. Pero la macroeconomía, expresada en los grandes números, mejora. Al menos aparentemente y siempre que no se contabilicen las ayudas para evitar el desplome de la banca.

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El gran ajuste, la gran carnicería laboral, es la que ha permitido al presidente de Gobierno sacar pecho al anunciar, entre sonoros aplausos, que el déficit público de 2012 se redujo al 6,7%.  El mensaje es claro: las cuentas deben cuadrar a toda costa. Incluso aunque el resultado final sea poco elegante y choque con el manido discurso de la búsqueda del interés general. Porque en el reparto de la riqueza se observa que los beneficios empresariales representan más del 45% del PIB, con un crecimiento de tres puntos en dos años.

“Nunca antes el conjunto de remuneraciones salariales había caído tanto como en el cuarto trimestre de 2012, con un descenso del 8,5% anual” escribe Alejandro Bolaños en EL PAÍS. “El contraste con el excedente de empresas y autónomos, que creció un 1,4%, fue notable. Hasta el punto de que las rentas empresariales superaron por primera vez a las salariales en el reparto de la riqueza relación con el PIB”. Ahí queda.

Nos llaman a todos a construir un edificio más seguro, moderno, eficiente, confortable y bello; nos llaman a todos a dar brillo a los cromados, limpiar las cristaleras, adecentar las alfombras, encerar las balaustradas y sustituir los puntos de luz fundidos; nos llaman a todos a la gran obra común…pero se nos adelanta que nuestro presente y nuestro futuro pasa por vivir en los sótanos. Y así, no. Así, no.

Hoy no se fía

Retrocedemos. No es hablar por hablar. Un vistazo, por rápido y superficial que sea, a los datos que enmarcan el día a día, lo confirma. Lo mismo da hablar del consumo de cava (a niveles del año 1985,), que de gasolinas, cuya demanda es similar a la registrada en la década de los 90 del siglo pasado, según datos de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).

images (1)No es alarmismo, pero es difícil creer que hayamos tocado fondo cuando indicadores como el consumo de electricidad apuntan a una preocupante y acelerada caída de la actividad. Dato: en los dos primeros meses del año, corregidos los efectos del calendario y las temperaturas, el consumo de electricidad ha sido un 4,8% inferior al del año pasado. Lo afirma Red Eléctrica de España (REE), el gestor del sistema eléctrico, que de eso sabe.images

Más aún, en los dos primeros meses del año, la demanda eléctrica fue de 43.023 GWh, un 6,7% menos que en el mismo periodo del 2012. Brutal y preocupante. Esto no tira. Por mucho que el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, trate de trasmitir optimismo, anunciando incluso bajadas de impuestos en 2014, la realidad se impone. Lamentablemente, las declaraciones oficiales suenan a la cartelería del bar del barrio: “Hoy no se fía, mañana sí”.

La sinceridad

Se impone la vuelta a los principios. La publicidad de una entidad financiera promete que, ahora sí, va a trabajar con principios. No los detalla porque supone que al hablar de principios, todo el mundo piensa en los mismos: la honradez, la sinceridad, el trabajo, el esfuerzo y la solidaridad, entre ellos. La entidad que paga el anuncio va a tener que trabajar mucho para que su mensaje sea creíble.images

Como reconoce implícitamente el espacio publicitario, las entidades financieras, esas que triplicaron sus activos entre 2001 y 20011; las mismas que en cuatro años (2007-2011) sumaron unos beneficios de 100.000 millones de euros y las mismas que necesitarán 150.000 millones de euros (15% del PIB) de recursos públicos y privados para no hundirse (datos del Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria, FROB), han operado sin principios hasta chapotear en un lodazal especulativo insoportable.

Así que ahora se impone la vuelta a las esencias. Detengámonos en uno de los principios que han brillado por su ausencia. Por ejemplo, en la sinceridad. Es importante aunque tiene muchos riesgos. Veamos. Sincera ha sido la ministra alemana de Trabajo, Ursula von der Leyen, al calificar de “golpe de suerte” para su país que miles de jóvenes españoles, bien formados y muy cualificados se vean obligados a emigrar para poder comer. La sinceridad alemana escuece al poner de relieve todo lo que pierde un país como España, con un 55% de sus jóvenes en paro, porcentaje que se eleva al 74% entre los menores de 20 años.

images (1)Lo de la ministra alemana, desde el punto de vista de un país del Sur, puede parecer un desliz o sinceridad teñida de prepotencia. Porque en cuestión de principios hay mucho de que hablar. A veces salen solos. Fijémonos si no en la sincera declaración realizada por la secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal,  al referirse a la extinción de contrato del que fue Tesorero de su partido, Luis Bárcenas. De Cospedal se refirió al proceso de cese-indemnización de Bárcenas como una “simulación”. Eso se llama ser sincera. Aunque sea debido a los nervios y, probablemente, muy a  su pesar.

Sincera fue también la canciller Merkel cuando defendió la conveniencia de mantener un euro fuerte aun cuando esa política monetaria pudiera derretir, “como la nieve” los  logros de las políticas de ajuste en países como España. Sucede que la sinceridad, en estos tiempos, es un lujo al alcance de unos pocos. Algo, en suma, propio de alemanes o de políticos convencidos de que una mayoría absoluta sirve para cubrir todas las carencias. Incluso las de principios.

El caso del guía que se perdió

images (1)El guía se ha perdido pero no da el brazo a torcer. El comisario de Asuntos Economómicos y Monetarios, Olli Rhen, insiste en que los países con desequilibrios en sus cuentas públicas tienen que seguir por la senda de los recortes duros y de la austeridad en el gasto. El camino no parece adecuado. No solo por las dificultades que presenta, sino porque no lleva a ningún sitio, salvo a la recesión económica y la inestabilidad social. Pero el guía, empujado por los notables de la tribu, insiste: no hay otro paso en el desfiladero que el propuesto.

     Al argumento de que tras cinco años largos de camino no se ve la salida, Rhen contesta de forma simple: hemos recorrido tanto trecho y hemos abandonado a tantos a los lados del camino que dar la vuelta y desandar lo andado ya no es una opción. Hay que continuar y confiar en que, efectivamente, el sendero atraviese la montaña y no acabe en una pared imposible de salvar. En el peor de los casos, si finalmente hay que dar la vuelta, quedarán los fuertes, los templados como el acero Krupp. Desde ese punto de vista, da igual que el guía esté perdido.

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Lo que importa es el camino y la selección que impone. Primitivo pero efectivo. Como cuando un jefe de tribu (perdón, de Gobierno) defiende la necesidad de estar continuamente alerta y no bajar nunca la guardia. Primitivo, tan simple como aquello de “no gastar lo que no se tiene”. El ser humano salió al umbral de las cuevas y se agrupó en colectivos solidarios, precisamente, para no dormir continuamente con un ojo abierto y la oreja en movimiento, a la espera del depredador.

Mientras el guía y los notables deliberan, se impone el recuento de bajas. En España, Grecia, Portugal e Irlanda, los abandonados a los lados del camino son millones. Rhen, como el grupo de notables que lo jalean, sabe perfectamente que la velocidad de un convoy es aquella a la que se mueve el vehículo más lento de los que lo forman. De lo que se desprenden dos cosas: o les importa una higa la velocidad del conjunto del convoy o han decidido deshacerse de los carros que se mueven con dificultad. Cualquiera de las dos posibilidades descubre un proyecto (la UE) debilitado y quebrado. Y sin guía.

Rajoy y el mantra simplón

“No se puede gastar lo que no se tiene”. Es el mantra del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Un mal mantra. Malo por simplón y malo por truculento. Simplón porque el mundo de la economía y de las finanzas no funciona como apunta Rajoy (tanto tengo, tanto puedo gastar) y truculento porque pretende justificar los recortes en el gasto público con argumentos que no se aplican al común de los ciudadanos. Éstos están obligados a endeudarse, a menudo para toda la vida, si quieren vivir con un mínimo de dignidad. Gastar lo que no se tiene, en contra de lo que defiende el señor Rajoy, es, a menudo, la única forma de mantenerse a flote. Y sale caro.images (3)

Cosa distinta es aplicar el sentido común y la disciplina contable para que el endeudamiento no supere lo razonable y el pago de intereses no haga imposible la devolución del préstamo. Pero Rajoy (y lo que está detrás de Rajoy) prefiere el manejo de conceptos simples, aunque discutibles, para justificar lo injustificable. No es solo un problema del presidente. Los sesudos departamentos de estudios y de cálculo de riesgos de las entidades financieras, por poner un ejemplo, manejan complejas reglas de cálculo, supuestamente científicas, para determinar sus acciones y garantizar su solvencia. Pero a la hora de la verdad, cuando vienen mal dadas, actúan con trazo grueso.

En el mejor de los casos, como cuando refinancian a grandes deudores víctimas de la burbuja inmobiliaria, la teoría económica que aplican es el rezo. Y lo único relacionado con el cálculo y la matemática es el número de veces que rezan para que el tipo devuelva lo prestado. Lo del trazo grueso y la diferencia entre la teoría y la práctica se lo pueden explicar también al directivo de Deloitte que dijo pero no dijo, según dicen, que Bankia estaba en las últimas sin que nadie le hiciera puñetero caso.
El abismo entre teoría y práctica, entre lo que se dice y lo que se hace explica muchos de los males que aquejan al país. ¿Ejemplos? Muchos. Ahí van dos: en este sufrido país hay quien habla públicamente de la necesidad de afrontar los tiempos difíciles a la vuelta de unos días de esquí y hay quien llama al sacrificio de todos mientras paga en negro a sus trabajadores.

Sin complejos

descargaLo ha dicho el ministro de Industria, Turismo y Comercio, José Manuel Soria: en cuestión de energía, el Gobierno va a actuar sin complejos. La frase se las trae. Dicha como la dijo el ministro en el acto de entrega anual de premios del Club Español de la Energía, suena fuerte. La frase sugiere que el Ejecutivo va a tomar decisiones polémicas en los próximos meses. Sin complejos. Tras el velo de las palabras se esconden tres planes (al menos): el alargamiento de la vida útil de las centrales nucleares, las prospecciones en busca de petróleo en aguas de Canarias y las licencias para explorar yacimientos de gas no convencional (fracking). Los tres planes en los que el Ejecutivo va a tomar decisiones sin complejos son muy delicadas. En el caso de las nucleares, porque los reactores fueron diseñados para funcionar décadas y no siglos; en el caso de las prospecciones en Canarias porque puede afectar a la principal industria de la zona, el turismo, y en el caso del fracking por su innnegable impacto medioambiental.

Pero Soria lo tiene claro. El sector energético, en el que, todo hay que decirlo, hay mucho desbarajuste y poca competencia, es un problema para la balanza comercial. 46.000 millones anuales nos cuesta ser una isla energética que lo fía todo a las importaciones. Eso pesa en el ánimo del Gobierno y del ministro como una losa. La decisión: aprovechar todo, todo lo posible, recortando, al tiempo, todo aquello que suene a caro y a futuro (léase renovables). Manda el día a día. El futuro es algo que está demasiado lejos como para decidir ahora. ¿Un error estratégico? es posible, pero hay que actuar sin complejos.

La pose de Soria no es exclusiva del Gobierno español. Un ejemplo, el ministro holandés de Economía, Henk Kamp, defensor de la técnica de fractura hidráulica para la extracción de gas, también se ha apuntado al lema del “sin complejos”. Según relato de EL PAÍS, durante un encuentro con los vecinos en el pabellón deportivo de la localidad de Loppersum, Kamp fue rotundo al referirse al fracking y sus consecuencias: “Debo prolongar la inseguridad ciudadana un año más. Es un riesgo que asumo y del que me hago responsable”. Y surge la pregunta: ¿sin complejos es lo mismo que con descaro?