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La tentación

10/12/2012

Se denomina Fractura Hidráulica (fracking, en inglés), puede ser un enorme negocio y se ha convertido en una gran tentación para países necesitados de recursos con los que asegurar sus necesidades energéticas. La Fractura Hidráulica consiste, en trazo grueso, en romper estructuras rocosas en las que se almacena gas y petróleo mediante agua a presión, explosivos, arena y productos químicos, para extraer recursos (denominados no convencionales, gas de esquisto o gas de pizarra) que hasta ahora parecían inalcanzables o no rentables. El modelo es EE UU, donde el fracking ha modificado hasta tal punto el mercado del gas que la gran potencia se va a convertir en país exportador de gas desde la posición de primer importador mundial.

Pero la Fractura Hidráulica tiene dos caras: por un lado está la posibilidad de obtener y utilizar, a precios competitivos, recursos que hasta ahora eran inalcanzables; por otro la está el coste medioambiental. La fractura de rocas a gran profundidad no es precisamente un método extractivo fino. Colectivos ecologistas y de defensa del medioambiente han dado la voz de alarma por el impacto de la Fractura Hidráulica en el paísaje y el subsuelo, especialmente por la elevada utilización de agua en el proceso y la contaminación de los acuíferos.

La tentación está ahí. España, una isla energética, con una dependencia brutal, superior al 70% (20 puntos por encima de lamedia europea) y que no ha cambiado en 30 años, tiene recursos no convencionales en el subsuelo y el Ministerio de Industria ya está concediendo permisos de exploración para tentar el negocio. En el País Vasco, Cantabria y Castilla y León (de Palencia a Soria), se suceden los estudios para ver qué se puede obtener rebañando el subsuelo. En el caso del País Vasco, hay cálculos muy afinados sobre lo que se puede obtener en yacimientos (Enara) ya marcados. Según datos del Gobierno Vasco, el gas no convencional detectado podría suponer la autosuficiencia energética de la comunidad autónoma: el potencia sería de 184 bcm (billion cubic meters, miles de millones de metros cúbicos) o lo que es lo mismo, el equivalente a cinco años de consumo de gas de todo el país. En euros, sin afinar mucho: unos 30.000 millones de euros. Palabras mayores de las que ya han tomado nota inversores estadunidenses y canadienses principalmente.

El negocio, que está rodeado de polémica y de grandes presiones (el Parlamento Europeo ha debatido y rechazado, por el momento al menos, imponer moratorias al negocio del gas no convencional) es formidable. Un ejemplo: en la pugna de la petrolera española Repsol con el Gobierno argentino de Cristina Kirchner ha contado, y mucho, el gran descubrimiento de gas y de petróleo del yacimiento denominado Vaca Muerta, buena parte del cual consiste en gas pizarra. El negocio está ahí y, hasta el momento, solo la mayor conciencia medioambiental y la diferente legislación sobre el suelo y el subsuelo en Europa dificultan su desarrollo. Pero la tentación es grande. Y fue Wilde (Oscar) el que adelantó la mejor forma de evitarla: cayendo en ella.

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