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El secreto de Garoña

17/12/2012

La central nuclear de Garoña (Santa María de Garoña) encierra un secreto: abierta o cerrada, va a proporcionar jugosos réditos (monetarios o estratégicos) a sus propietarios. La central, propiedad de Endesa e Iberdrola a través de Nuclenor (1957), se ha convertido en un instrumento de presión de las eléctricas contra la denominada Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética que debe ser aprobada esta semana y que contempla nuevos impuestos a las compañías. Con toda crudeza, sin ambages, desde la propiedad de la central se ha explicado que la decisión de desconectar la instalación de la red eléctrica (que no cierre) es reversible. En otras palabras, si el Gobierno da marcha atrás en sus planes para gravar la generación eléctrica y la producción de residuos nucleares, las eléctricas propietarias de la instalación podrían mantenerla abierta, tal y como prometió en octubre de 2009, a pie de obra, el entonces candidato a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy.

Garoña, por mucho que lo discuta la asociación patronal Unesa, es una instalación amortizada que hoy por hoy es la central más vieja del país (empezó a funcionar en 1971), menos productiva (6,5% de la generación del parque nuclear) y con peor “venta” de imagen al ser gemela del generador BWR de General Electric afectado en el complejo de Fukushima I por el gran seismo y tsunami de marzo de 2011. Su cierre, previsto para julio de 2013, según lo aprobado en el último periodo de Gobierno socialista, no supondrá un drama para el sistema, aunque sí una dolorosa pérdida de empleo para la comarca. A las empresas propietarias, si finalmente apuestan por el cierre, la decisión les ahorrará importantes inversiones en seguridad. El sistema eléctrico, por su parte, no notará la bajada de persiana porque sobra potencia instalada (más de 100.000 Megawatios) en un momento en que la demanda cae con fuerza hasta situarse a niveles de 2005, según datos de Red Eléctrica de España (REE).

El coste por el cierre, si lo hay, será de imagen. Hace tres años, el actual presidente del Gobierno Mariano Rajoy hizo una promesa: con el PP en el Gobierno, aseguró a los trabajadores de la central (más de 300 empleos directos) “Garoña no se cerrará”. Si sucediera, la paradoja estaría servida: las nucleares cierran cuando gobierna el partido más favorable a las nucleares. También habrá un coste para las empresas. El Foro Nuclear, la plataforma que defiende este tipo de producción, ha trabajado mucho tanto para cambiar la percepción del público sobre las centrales como para procurar extender su vida útil más allá de los 40 años comúnmente aceptados. El cierre de Garoña, tras los de Vandellós I (1989) y Zorita (2006) sería un dato negativo para la estadística de desarrollo de este tipo de energía en Europa y en el mundo. Más si cabe tras el anuncio de Alemania de renunciar a la energía nuclear en la próxima década.

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2 comentarios
  1. Bueno, esta gente dice que cierra por los impuestos, pero yo sospecho que tiene también que ver los cambios que impone el CSN para seguir operando más allá de junio de 2013.
    Además, uno de los problemas que tiene Garoña para seguir funcionando, es que los costes de operación y mantenimiento son muy similares al resto de las centrales nucleares, pero los ingresos prácticamente son la mitad. Que realmente no sé cómo de importante será este concepto, porque aparte de eso, la central está más que de sobra amortizada.

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