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Ganas de ponerse serio

20/12/2012

Pruebe, diga en voz alta Consejo de Seguridad. ¿A que dan ganas de ponerse serio? Añada la palabra Nuclear y repita…Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Ahí (hablo por mí, claro está) dan ganas de cuadrar los hombros, ponerse serio y, además, estirar el cuello. Pues bien, ese órgano tan importante, el “único organismo competente en materia de seguridad nuclear y protección radiológica”, según reza su estatuto de “ente de derecho público independiente de la Administración General del Estado” va a renovar la presidencia. Cambia uno de los dos pilares (el otro es el pleno, constituido por cuatro consejeros) en los que descansa su funcionamiento. Cumplido el mandato de seis años de su actual presidenta, Carmen Martínez Ten, será el Gobierno quien decida quién será el nuevo presidente del organismo. Formalmente, el nombramiento deberá ser consultado y aprobado por los tres quintos de los miembros de la Comisión de Industria del Congreso. Un trámite.

Expuesto el tema para el comentario, es hora de la reflexión y la pregunta. Ahí va: para puesto tan importante en organismo tan serio y actividad tan trascendente ¿en el nombramiento deberían pesar más los aspectos técnicos y profesionales que los políticos? ¿ambos? ¿ninguno? Las preguntas vienen a cuento porque tanto el partido que sustenta el Gobierno (PP), como el PSOE, están jugando sus cartas, por supuesto legítimas, para cubrir puestos en el CSN. Para la presidencia del CSN, el nombre más barajado es el del actual secretario de Estado de Energía, Fernando Martí Scharfhausen, ex vicepresidente de la Comisión Nacional de la Energía (CNE). Sobre Martí, sofocados sus planes de reforma del sistema energético, se afirma en sectores empresariales energéticos que estuvo a punto de dimitir pocos meses después de su nombramiento. Su aguante habría obtenido como recompensa el nombramiento al frente del órgano encargado de supervisar el funcionamiento de los ocho reactores nucleares en España, con 470 empleados y un presupuesto de 47 millones de euros.

Martí (ingeniero de minas, máster en dirección de empresas) tiene una larga experiencia en asuntos energéticos (una década en la CNE da para aprender) y no hay por qué dudar de su dedicación, profesionalidad y conocimientos para dirigir un órgano que, hay que decirlo, está plagado de especialistas titulados superiores (63% de su personal lo es). Pero qué quieren que les diga. Uno es como es. Y a uno no le molestaría que para puesto tan importante, tratándose de lo que se trata, la energía nuclear, los tres quintos de la comisión parlamentaria que corresponde eligieran para dirigir el CSN a un científico de temple, exigente con la seguridad, duro en el análisis y poco dado a la esgrima política. Porque política, energía y nucleares no tienen nada que obligue a una relación permanente. ¿O sí?

No se trata de criticar sin fundamento. Pero es que uno ha vivido lo que ha vivido. Entre otras, esta escena inolvidable. Pónganse en situación: marzo de 2011, un presidente de gran empresa eléctrica comparece ante la prensa y defiende la seguridad plena de la energía nuclear mientras a sus espaldas, muda, una televisión retransmite en directo las explosiones de los reactores nucleares de Fukushima (Japón). Para no olvidar.

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