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De ministros, ambiciones y petróleo

16/01/2013

En Canarias hay petróleo. Queda por saber cuánto exactamente, pero que hay crudo en el área no es ningún secreto. Por supuesto, lo saben los gobiernos con intereses en el área (el Gobierno español y el Gobierno de Marruecos). Y, por supuesto, lo saben las empresas petroleras (la portuguesa Galp explora en aguas jurisdiccionales de Marruecos). Repsol, la compañía española que está tramitando los permisos para perforar en el área, al igual que su competencia, no se mueve a ciegas. La petrolera quiere perforar en aguas canarias (tramita permisos desde 2001) porque sabe que hay una alta probabilidad de éxito, y ha acelerado sus planes. Hasta aquí el marco. Ahora el paisaje. Las exploraciones para buscar petróleo a 60 kilómetros de las islas, frente a Lanzarote y Fuerteventura, están teñidas de política. Y también de ambición. Legítima, pero ambición.

Para el actual ministro de Industria, José Manuel Soria, encontrar petróleo en aguas españolas supondría asegurarse un brillante apartado en la historia económica del país. Ahí es nada: un ministro canario capaz de batallar contra ecologistas, nacionalistas y puristas del negocio del sol y playa y que con su decisión logra reducir de un plumazo en 10 puntos (del 90% al 80%) las importaciones de crudo del país. Porque esas son las estimaciones que maneja Soria: una producción de 100.000 barriles diarios, 50 veces más que la producción nacional actual.

Un éxito de Repsol en el área (6.100 kilómetros cuadrados) dispararía también las posibilidades de Soria como aspirante a la presidencia de Canarias en 2015. También lo sabe el actual presidente de la comunidad, Paulino Rivero, que se opone a los planes de Repsol y al apoyo de Soria a los planes de la petrolera. Esa mezcla de negocio, política y ambición (esencia de todo asunto importante) explica que, a veces, los protagonistas de la historia (de Rivero a Soria, pasando por el presidente de Repsol, Antonio Brufau) se ataquen de forma dura, mediante comunicados de prensa, declaraciones a los medios de comunicación y otras maniobras.

A favor de las tesis de quienes se oponen a las exploraciones está el riesgo que puede suponer para la industria turística (la primera del país) un vertido en el área. Y en su contra una realidad inamovible: Marruecos no dejará de extraer petróleo en sus aguas, si lo hay, para salvaguardar el negocio turístico del vecino. Y en el agua no hay muros.

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