Skip to content

Vocaciones

24/01/2013

Hubo un tiempo en que me llamaba mucho la atención la gran cantidad de apellidos vinculados al antiguo régimen que trabajaban en el sector bancario y financiero. Entiéndanme, trabajaban en o para el consejo de administración del banco y sus alrededores, no de cara al público. Porque ya saben que hay diferencia entre ser un banquero o un bancario. Pues bien, les decía que me llamaba la atención, hasta que me explicaron que era una cosa relacionada con la vocación. Entonces me quedé más tranquilo. No iba a ser yo un mal pensado. Así que admití que lo de los vástagos de ilustre apellido metidos a administradores era una cuestión vocacional. Como lo de las damas nobles, marquesas por poner un ejemplo, que se dedican vocacionalmente a defender al Pueblo (así, con mayúsculas) o a dirigir por el buen camino a una comunidad autónoma. Son cosas vocacionales. Llamadas que se sienten prácticamente desde la cuna y a las que no se puede dar la espalda. Porque puedes ser infeliz o porque, si te descuidas, Hacienda cae en malas manos y te hacen una paralela que te cuesta el riñón.

No se trata de hacer leña del árbol caído, pero lo de las vocaciones por ejercer actividades que no afectan a los riñones y permiten conciliar con la vida familiar también se da mucho en la política y en general en la cosa (res) pública. Hay quien nace para diputado y ministro y lo siente así desde siempre. Miren si no al ministro Gallardón. Otra cosa no, pero la vocación se le ve a la legua.

Esa cuestión de la llamada, de la vocación, se da menos entre los peones de albañil, los fontaneros y la fauna autónoma en general. No digo yo que no haya casos. Los hay y yo conozco alguno, especialmente entre gente empeñada en vivir de juntar letras. Pero lo de la llamada “vocación” se da menos en ciertas capas sociales en las que se maneja con más familiaridad el concepto “necesidad”. Me dirán que todo es relativo. Y que las vocaciones llenaron los seminarios (y el escalafón taurino) no hace muchas décadas. Incluso de hijos del pueblo llano. Puede ser. Pero también es verdad que en cuanto remitió el hambre y se extendió la educación, los seminarios decayeron. Lejos de mí la idea de vincular determinadas vocaciones al estómago, al agradecimiento, la influencia o la simple cara dura. Lejos, pero no tan lejos como para descartar la idea por completo. Es mi maldita manía de repensar las cosas.

Anuncios

From → Uncategorized

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: