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Votar con los pies

30/01/2013

La juventud española, la mejor preparada de la historia, está votando con los pies. Se va del país. Con una tasa de paro del 55%, no tiene alternativa. Los jóvenes abandonan España a millares. El número de habitantes de entre 16 y 19 años ha bajado en 30.000 personas en el último año; entre los 20 y 24 años en unos 100.000 y entre los 25 y los 29 años en 150.000. Se van. Hasta la embajada española en Londres, la que dirige el exministro Trillo-Figueroa y Martínez-Conde, de nombre Federico, ha tenido que fabricar una página en Internet para orientar a los nuevos exiliados económicos que llegan a orillas del Támesis.

La sangría, vergonzante, tiene sus defensores. El exministro y divulgador científico Punset (UCD) se atrevió a destacar en TVE (con ocasión del 75 cumpleaños del Rey Juan Carlos) los beneficios de salir del país a la búsqueda de futuro. Ya sucedió antes, vino a decir el ex ministro, en una desafortunada frase que recordaba aquello de “más se perdió en Cuba y volvieron cantando”. Lo que Punset y otros muchos defensores de los viajes iniciáticos para desamparados y parados ignoran es que las experiencias enriquecedoras, cuando son forzadas, lo son menos.

Los jóvenes españoles que van a ofrecer su esfuerzo y su talento en el exterior no se parecen en nada a esos jóvenes misioneros mormones americanos que viajan al Viejo continente para hacer proselitismo un par de años. Ni comparten la alegría “erasmus” de los que saben que durante un tiempo van a pasar más hambre que sed y que tarde o temprano volverán a un lugar del que recuerdan las sábanas. No, nada que ver. Los jóvenes que abandonan España lo hacen desencantados y con su punto de rabia. La clave, como en tantas cosas de la vida, está en la libertad de elegir. No la tienen. Buscar trabajo en Alemania, Suecia, Suiza, Ucrania, Suráfrica o Vietnam por ambición, aventura o ansia de nuevas experiencias es una cosa y ser expulsado del propio país por una crisis que nadie sabe gestionar otra muy distinta. Así lo sienten muchos de los que bucean en la página web de la embajada de España en Londres para buscarse la vida mientras se acuerdan del embajador, de quien le nombró y de un sistema incapaz de contener, y mucho menos evitar, la ruina del país. Votan, eso sí. Con los pies. Para vergüenza de todos.

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