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La Bolsa y los cojones del toro

04/02/2013

nueva%20york%20003 No se asusten por el título. No es sólo un recurso zafio para atraer la atención. Está justificado. Lean si no.La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha levantado la prohibición de operar a corto plazo en la Bolsa con acciones prestadas para apostar a que su precio bajará. La operativa, que ha estado prohibida seis meses por la debilidad de los cimientos del sistema financiero, consiste en tomar prestadas unas acciones que se venden a un precio y se compran luego a otro más barato (si la apuesta ha sido acertada) para devolverlas e ingresar la diferencia. Es una apuesta que muestra a la Bolsa como lo que es: un espacio en el que se juega. Un casino. Pues bien, el sistema, al parecer, se ha recuperado lo bastante para abrir todas las ruletas. Levantada la prohibición hay más campo para el negocio, más liquidez y más comisiones. Todos contentos. Los especialistas en el negocio bursátil ya pueden volver a hablar de osos (los que tratan de ganar dinero apostando a que los precios de las acciones bajarán) y de toros, que hacen lo contrario. Bears and Bulls. Los que venden la piel del oso antes de cazarlo y los que embisten los malos presagios. Apostadores en ambos casos. Unos al alza y otros a la baja. Los símbolos tienen su aquel. En Nueva York, en Bowling Green, Wall Street, hay una escultura de bronce de 3.200 kilos que representa a un toro embistiendo. Fiero, retador. Es un símbolo de optimismo y de prosperidad que se colocó tras la crisis de 1987 para recordar a los norteamericanos (lo que es lo mismo que decir al mundo) que la función tiene que continuar. Siempre. La escultura, que se instaló sin permiso en 1989 cerca de donde algunos empresarios españoles recogen premios internacionales que les cuestan un riñón, es de un escultor de origen siciliano llamado Arturo di Modica. Tiene una parte brillante. Muy brillante y desgastada. Porque muchos de los que se acercan a admirar el símbolo de la pujanza bursátil acarician o tocan (va según gustos y sensibilidades) la misma parte de la estatua: los cojones de la bestia. Un pequeño gesto; en muchos casos, una pequeña venganza por lo que el casino planetario nos hace periódicamente con los cuernos. Los suyos. La foto: 2003. NY. Yo mismo y un gran tipo, con el toro.

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