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Líderes

Leader Speaker: dícese del representante de un Gobierno al que el resto de representantes del resto de los Gobiernos le preguntan por qué va tan mal lo suyo y si lo suyo puede afectar a lo de todos. Bueno, bien, la definición no es muy exacta. Pero puede valer. Más o menos es lo que vino a explicar el ministro de Economía y Competitividad español, Luis de Guindos, al relatar lo sucedido el pasado fin de semana en la reunión de los países más desarrollados del mundo (G-20) en Moscú (Rusia).

De Guindos aseguró, contento, que en esta ocasión, y a diferencia de lo que venía siendo habitual en su papel de ministro español, no había tenido que asumir el papel de “leader speaker”. Había dejado de ser el probador, sparring o saco de golpes, para las preocupaciones de los países más ricos del mundo. De esa circunstancia, De Guindos deduce que España está mucho mejor. Ya no le preguntan a cada paso por qué España se ha hundido. Y como no le preguntan, De Guindos concluye que no se ha hundido.images (4)

Pero las deducciones del ministro De Guindos son un poco apresuradas. Uno puede ser leader speaker un día, dejar de serlo al siguiente y recuperar el puesto rápidamente. Basta con que los mercados enarquen la ceja. Porque los restos del hundimiento que tantos puestos de leader speaker nos ha proporcionado en las cumbres internacionales, están ahí, a la vista. Se puede mirar hacia otro lado, incluso se puede disfrutar viendo cómo otro speaker ocupa tu lugar, pero como en el cuento de Monterroso, el dinosaurio sigue ahí. ¿Qué dinosaurio? Seis millones de parados, un mercado laboral que no funciona, banca con respiración asistida, confianza empresarial por los suelos, la demanda interna deprimida, conflictividad laboral al alza y corrupción rampante. Lo que se necesita de verdad son líderes con más ideas que pico. Con urgencia.

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Lluvia negra

images (2)Ha desaparecido carbón. Mucho carbón. Al menos, 200.000 toneladas. Es el equivalente a la carga de 5.000 camiones de los más grandes. Es mucho mineral y es mucho dinero. A los precios habituales, unos 16 millones de euros. El carbón desaparecido debería estar en el llamado Almacén Estratégico Temporal que se creó en 2009 para almacenar el mineral que el Gobierno decidió que debían comprar las centrales eléctricas para quemarlo y producir electricidad.

En realidad, el almacén no es un único lugar físico. Está repartido entre una docena de empresas de Asturias y de León y lo gestiona la empresa pública Hunosa. La polémica ha surgido cuando Hunosa ha ido a revisar lo que supuestamente debería estar almacenado. Y no está. Las cuentas no cuadran. Como en los chistes del magnífico Gila (“alguien ha matado a alguien”, “alguien es un asesino”), alguien se dio por aludido al saltar la noticia. El Grupo Alonso, del empresario leonés Victorino Alonso negó categóricamente cualquier desfase interesado en los almacenes. Según su versión, el mineral no ha desaparecido, simplemente se ha disuelto. Por la lluvia.images (6)

El asunto está siendo investigado por Hunosa, por la Abogacía del Estado y por el Ministerio de Industria. Oficialmente, nadie da explicaciones. Pero el tema es feo. Va a llegar al Congreso. Y se va a hacer más visible la partida que se libra en un sector que camina hacia la desaparición (Bruselas manda), pero que aún es vital para muchas comarcas asturianas, leonesas y aragonesas. Hay un puñado de verdades por desvelar. Ahí van algunas: en el sector de la minería del carbón hay un desbarajuste notable; la relación entre los Gobiernos y los empresarios mineros se puede calificar de perversa y los trabajadores son, a menudo, rehenes de intereses que no son los suyos. Llegados a este punto no está de más demandar luz y taquígrafos para el sector y las empresas que lo forman. Todo sea para acabar con la lluvia negra. Con permiso del japonés Masuji Ibuse y su magnífica novela.

El populismo

images (3)Populismo es un término peyorativo que no está recogido en la Real Academia Española de la lengua. Hace referencia a las medidas políticas que no buscan el bienestar o el progreso de un país, sino que tratan de conseguir la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias. El término se ha aplicado, por ejemplo, a la intervención realizada en el Congreso por Ada Colau, la representante de los colectivos antidesahucios. Y se ha aplicado también a la intervención de la representante de las juventudes socialistas Beatriz Talegón ante los líderes socialistas reunidos en Cascais (Portugal).

En ambos casos, el término está mal aplicado. Es más, parece aplicado con mala idea. Ni Colau ni Talegón persiguen votos a toda costa y sin que importen las consecuencias. Parece más bien que ambas se hacen eco, eso sí, del verdadero sentir de la mayoría de la sociedad. No se trata solo, como recoge la definición, de la denuncia sistemática de los males que encarnan las clases privilegiadas.

Es algo más sencillo. En el caso de Colau, denuncia que existe una legislación hipotecaria, antigua y desfasada, con más de un siglo de vigencia, que favorece a la banca en detrimento de los clientes; en el caso de Talegón, constata que el ruido de la calle no entra en los salones de los hoteles de cinco estrellas. Así de simple.

La persecución de medidas que no buscan el bienestar general y que no tienen en consideración las consecuencias encaja más en otro tipo de declaraciones, realizadas por otro tipo de actores. Me refiero, por ejemplo, a aquellas que hacía el expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán (“hay que trabajar más y cobrar menos para salir de la crisis”), o a las que realiza su cuñado, el vicepresidente de la misma organización, Arturo Fernández.images (4)

Populismo, o la búsqueda de apoyos sin importar las consecuencias se puede aplicar también a las declaraciones que realiza la amiga de pupitre de Fernández, Esperanza Aguirre e incluso, sin forzar mucho la argumentación (sustituyendo la búsqueda de votos por la búsqueda de beneficios) las declaraciones de los representantes de la banca. “The Sky is the limit” aseguró no hace mucho tiempo el banquero más poderoso del país. Nada menos. Y citando al teórico militar chino Sun Tzu, muerto hace 2.500 años. Eso, ¿qué era? A ver…la RAE.

Arturo y las ventanas

Hubo un tiempo en que cuando los inspectores de Trabajo entraban por la puerta, los trabajadores sin contrato, sin Seguridad Social y sin derechos, saltaban por la ventana. Para no perjudicar al patrón y para mantener el puesto. No es una exageración. Puedo dar fe. Yo lo hice.images (6)

Fue en un verano del 86, en un pueblo de la costa vizcaína, donde trabajé como “pinche” en un restaurante de cierta fama. Así eran las cosas. O lo tomabas o lo dejabas.¿Tomabas o dejabas? ¿Eran? Las denuncias públicas contra el vicepresidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández, por pagar en negro, presuntamente, a sus empleados del grupo hostelero Cantoblanco, demuestran que este país ha avanzado muy poco en ciertas cosas.

El dinero negro, la economía en B, sigue siendo una realidad. Vergonzosa, pero realidad. Se han realizado diferentes informes que señalan que el fraude se sitúa entre el 20% y el 25% del producto interior bruto (PIB), porcentaje que duplica la media de la Unión Europea. Una vergüenza.

images (5)En ese magma purulento y delictivo, hay empresarios que se mueven con comodidad. Especialmente en sectores que tradicionalmente viven del arreglo, el pluriempleo y la necesidad de trabajadores mal pagados que lo mismo echan unas horas sirviendo una boda que trinchando pollos para un hotel de fama en el catering de la Feria de Muestras local.

Arturo Fernández será inocente o culpable de los pagos en dinero negro a trabajadores, eso lo tendrá que decidir, probablemente, un juez. Pero lo que sí está probado es que el patrón de los empresarios madrileños, empleador de esposas de notables y generoso apoyo de campañas políticas, expide cheques verbales difíciles de respaldar. Incluso difíciles de soportar. Sobre todo para los que alguna vez tuvieron que saltar por la ventana.

Mundos que no son de este reino

En Bankia, la entidad tocada y hundida por una mezcla de ineptitud, arrogancia y cara dura de sus directivos, van a despedir a 4.500 empleados. Es un efecto colateral más del hundimiento de un sistema, el financiero, que va a costar, entre recursos públicos y privados 150.000 millones de euros, un 15% del PIB (datos del director general del Fondo de Reordenación Ordenada Bancaria, Frob, Antonio Carrascosa).images (7)

Los sacrificados van a ser indemnizados con 30 días por año trabajado con el límite de 22 mensualidades. En caso de voluntariedad, la indemnización puede alcanzar los 40 días. Dicen que es mucho. Dicen que es el doble de lo que el Gobierno (responsable de la entidad intervenida) aprobó para el común de los sacrificables, perdón, de los trabajadores. Dicen que es poco presentable. ¿Qué quien lo dice? Quienes defienden la desregulación del sistema financiero, la desregulación de las relaciones laborales y la libertad individual para aceptar salarios de hambre.

El acuerdo en Bankia, la antigua Caja Madrid que compraba bancos en Miami, es un resumen de lo que está pasando en el mercado laboral: despidos masivos con indemnizaciones irrisorias que sólo mejoran allí donde los sindicatos todavía tienen músculo. Las críticas al acuerdo en Bankia, aceptado por el FROB y por Bruselas, como corresponde a una entidad que vive con y por una trasfusión de dinero público, se apoyan precisamente en ese extremo: se indemniza con fondos de todos, aseguran escandalizados, a empleados que en el sector privado no obtendrían, en el mejor de los casos, más que los 20 días que marca la ley.images (8)

En su argumentación olvidan, por lo menos, un par de asuntillos que no son menores: los empleados de Bankia, en su inmensa mayoría, no son responsables de la vergonzosa gestión que ha hundido la entidad y ellos, así como sus representantes, tienen el derecho a oponerse con todas las herramientas legales a su alcance (incluida la huelga) a ser tratados como reses de tienta y desecho.

A la vista de lo que están haciendo un buen número de empresas y sectores, que no es otra cosa que tomar posiciones ventajosas ante la próxima venida de la santa recuperación de la economía, cabe hacer un pronóstico: llegará un tiempo en que la sociedad mirará atrás y se preguntará cómo llegó a admitir barbaridades como la reforma laboral aprobada por el Ejecutivo popular sin más ruido que un leve pateo. Pero mientras llega ese momento, toca aguantar. Porque su mundo no es de este reino.

Energía, más que un debate

El debate sobre la energía es algo más que un bonito ejercicio intelectual, de teorías. El país se juega mucho en él. En las últimas décadas (sí, décadas), el mercado energético, ese en el que no hay competencia y sus actores caben en un taxi, no se ha movido. Tampoco tenía muchas razones para hacerlo. El mercado, pensado para un crecimiento continuo, crecía continuamente. Los problemas, embalsados y creciendo. Pero 29.000 millones de euros después (importe del déficit de tarifa) todo indica que el estanque eléctrico se agita. Las grandes compañías están a la defensiva y los análisis críticos fundados, por muy teñidos de intereses que estén, empiezan a abrirse camino. Porque los datos tienen eso: cortan como tijeras las malas justificaciones. Un ejemplo: el impacto de las importaciones energéticas en el déficit comercial era, en 2007, del 34%. Cuatro años después, el porcentaje ha crecido al 86%.

Con una dependencia energética que supera en casi 20 puntos la media de la UE, España es un caso digno de estudio. El mercado eléctrico, con una fuerte caída de la demanda, exceso de potencia y constreñido por múltiples intereses, está abocado al cambio. Porque no es sostenible. No es casualidad que departamentos como el Ministerio de Defensa hayan dedicado tanta o más atención a la situación del mercado energético (más allá del manejo de porcentajes y escenarios macroeconómicos) que el Banco de España, por poner un ejemplo.

La Bolsa y los cojones del toro

nueva%20york%20003 No se asusten por el título. No es sólo un recurso zafio para atraer la atención. Está justificado. Lean si no.La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha levantado la prohibición de operar a corto plazo en la Bolsa con acciones prestadas para apostar a que su precio bajará. La operativa, que ha estado prohibida seis meses por la debilidad de los cimientos del sistema financiero, consiste en tomar prestadas unas acciones que se venden a un precio y se compran luego a otro más barato (si la apuesta ha sido acertada) para devolverlas e ingresar la diferencia. Es una apuesta que muestra a la Bolsa como lo que es: un espacio en el que se juega. Un casino. Pues bien, el sistema, al parecer, se ha recuperado lo bastante para abrir todas las ruletas. Levantada la prohibición hay más campo para el negocio, más liquidez y más comisiones. Todos contentos. Los especialistas en el negocio bursátil ya pueden volver a hablar de osos (los que tratan de ganar dinero apostando a que los precios de las acciones bajarán) y de toros, que hacen lo contrario. Bears and Bulls. Los que venden la piel del oso antes de cazarlo y los que embisten los malos presagios. Apostadores en ambos casos. Unos al alza y otros a la baja. Los símbolos tienen su aquel. En Nueva York, en Bowling Green, Wall Street, hay una escultura de bronce de 3.200 kilos que representa a un toro embistiendo. Fiero, retador. Es un símbolo de optimismo y de prosperidad que se colocó tras la crisis de 1987 para recordar a los norteamericanos (lo que es lo mismo que decir al mundo) que la función tiene que continuar. Siempre. La escultura, que se instaló sin permiso en 1989 cerca de donde algunos empresarios españoles recogen premios internacionales que les cuestan un riñón, es de un escultor de origen siciliano llamado Arturo di Modica. Tiene una parte brillante. Muy brillante y desgastada. Porque muchos de los que se acercan a admirar el símbolo de la pujanza bursátil acarician o tocan (va según gustos y sensibilidades) la misma parte de la estatua: los cojones de la bestia. Un pequeño gesto; en muchos casos, una pequeña venganza por lo que el casino planetario nos hace periódicamente con los cuernos. Los suyos. La foto: 2003. NY. Yo mismo y un gran tipo, con el toro.